martes, 27 de diciembre de 2011

Bye bye 2011

2011 se recordará por ser el año de la crisis, de los indignados, de la Primavera Árabe, del fallecimiento de Steve Jobs y Amy Winehouse entre otros, de las elecciones, etc etc...
Esto que acabo de describir pasará a los anales de la historia y será recordado en los libros, sin duda. Pero acontecimientos y tragedias apartes, el 2011 será un año que yo recordaré por muchos acontecimientos y personas que de verdad han animando mi año y que lo han hecho como uno de los mejores de mi vida, si no el más interesante. Es el año en el que he aprendido mejorar como persona, a escuchar a los demás, a intentar ser mejor cada día y a ser libre, sin atarme a nadie. Es el año en el que más me ha cundido mi afición a escribir, jamás había escrito tanta poesía, y yo siento, comparando mis escritos de antes con los de ahora, que he mejorado, y espero que esa mejoría algún día se vea recompensada con un libro mío en las tiendas(uno de mis sueños de toda la vida); también es el año en el que terminé mi primer año en este instituto, en el que soy completamente feliz; el año del mejor viaje de mi vida, en el que fui a París y que me permitió conocer, visitar y tratar gente y lugares nuevos; el año en el que comencé a tocar con mi grupo después de comprar con mi propio dinero mi primera batería, y finalmente, en el que di mi primer concierto, amén de otros acontecimientos personales(algunos muy recientes, créanme) que han hecho mi vida mejor y que me han terminado de alegrar el año.
A todas esas personas y acontecimientos que me han animado y ayudado este año, sinceramente, muchísimas gracias. Ojalá 2012 sea tan bueno o mejor.
¡Feliz año a todos!

Canción XXIX: John Lennon: Happy Christmas(War is over)


domingo, 13 de noviembre de 2011

Perdue à Paris. Capítulo 3.


"La nuit est arrivée" oyó decir a una familia. Levantó la vista al cielo, la noche cubría con un manto oscuro el firmamento parisino. La luna se asomaba junto a Nôtre Dame, se reflejaba en las aguas del Sena. Paseó por la Île de la Cité, hasta detenerse en una callejuela cercana a la catedral. Allí, un hombre barbudo y de mirada apenada tocaba el acordeón por unas monedas. No tocaba nada francés. Tocaba a Gardel. Se detuvo unos minutos para verle. Cuando se fue, se le oía tararear la melodía que escuchó. Le dieron hasta ganas de bailar una milonga en el Metro.
Pensó que ojalá viviese allí. Indefinidamente. Pensó también en aquella chica de ojos claros que conocía de su ciudad natal. Pensó que ojalá estuviese allí. Que ojalá la tuviese junto a él, para ver aquella ciudad, para perderse entre sus estrechas callejuelas, para ser el hombre que de verdad era. Pero ella no estaba. Ni siquiera sabía si se acordaría de él.

Canción XXVII:Carlos Gardel: Por una cabeza

domingo, 30 de octubre de 2011

Música, maestro.



(Espero, algún día, tener esta conversación con alguno de mis futuros hijos)
-Echo de menos aquellos días.
-¿Qué días?
-Aquellos días, cuando era un chaval, en los que me juntaba con tres amigos y formamos un grupo.
-¿Tus comienzos en la música?
-Sí, mis comienzos. Eramos  tres de cuarto de Secundaria, aunque uno había repetido curso, y otro de tercero. Tenía 16 años, 15 cuando comencé.
-¿Tan pronto?
-Sí. Eramos cuatro: un guitarra, el más joven; un pianista, en cuya casa tenía mi batería escondida...
-¿Tu batería escondida?
-Sí. Mis padres no me dejaron comprar una. Decían que no era una inversión rentable. Pero no hice caso. Me compré una de segunda mano de 80 euros. Y como iba diciendo, en casa del pianista tenía mi batería y allí ensayábamos; un bajista, el mayor de todos; y yo a la batería.
-Erais un grupo completo.
-Sí. Eramos cuatro chavales que tocábamos música por afición, que soñábamos triunfar, que versionábamos a los Rolling Stones, The Beatles y Jerry Lee Lewis. Cuatro amigos chalados, pero ¿sabes qué?
-¿Qué?
-Que para mí aquellos tres tíos con los que tocaba eran para mí los mejores músicos que he conocido. Obviamente no le llegaban a la suela del zapato a Lennon o Hendrix, pero estoy muy orgulloso de haberles conocido, al menos sus espaldas. Mereció la pena juntarse cuatro en una terraza a tocar un puñado de canciones.


Canción XXVI:Australian Blonde: Chup chup

jueves, 29 de septiembre de 2011

La soledad, según García Lorca


"La soledad es la gran talladora del espíritu" dijo en cierta ocasión el autor de Bodas de sangre. No sé por qué, pero el malogrado poeta granadino decía la verdad. No creo que él, amigo de Dalí, Neruda y Falla, entre otros, estuviera solo. Pero seguro que como poeta se sintió solo. Y desde luego, antes de que lo mataran.
Yo también soy poeta(ni mucho menos oso compararme con él). Y también me siento solo  a veces. Cuando escribo, me siento solo. Cuando me asalta la preocupación, me siento solo. En las noches de verano, esas noches frescas pero agradables, con el cielo iluminado por la luna, y con la brisa soplando, me siento solo. En las tardes ventosas de otoño, cuando las hojas caídas parece que rayan el suelo, me siento solo. En el frío del invierno, cuando voy a clase todavía de noche y abrigado hasta las cejas, me siento solo.
Visto así, parece que soy un antisocial, alguien que no quiere la compañía humana ni en pintura, pero eso es mentira. Adoro salir, tocar con mi grupo, conocer gente nueva. Pero como todos, necesitamos nuestro momento a solas con nosotros mismos. Porque, como dijo Federico, talla nuestro espíritu.


Canción XXIV: Miles Davis: Miles

martes, 13 de septiembre de 2011

Perdue à Paris. Capítulo 2.


Al día siguiente decidió ir a ver el Barrio Latino. Tenía la fama de ser el barrio con más ambiente de París, donde vivían los estudiantes, estaba en la zona más céntrica...Fue allí, y lo primero que vio nada más salir del metro fue la fuente de Saint-Michel. Era algo imponente. Las había visto más grandes, como Cibeles o la de Trevi, pero esta no era peor. Dos grandes dragones custodiaban, escupiendo agua en lugar de fuego, a San Miguel. Aquel lugar, muy usado por los parisinos para quedar, destacaba, con el delicado sonido del agua, en medio del bullicio de los coches. Los dragones, firmes e imponentes, eran rígidos testigos y guardianes de aquella zona de París. Qué vida más tranquila y despreocupada, pensó.

Después de pasear tranquilo y despreocupado por el centro, cayó la noche rápidamente. Volvió a la fuente, quería verla de noche. Seguía tranquila, hermosa. Un buen número de parisinos se sentaban frente a ella. Amigables y tranquilos, charlaban, compartían cigarrillos, reían...Sena se acercó a la fuente, tocó el agua y sonrío. Acarició la piedra de la fuente. Por un momento, creyó ser el tercer dragón de la fuente. O san Miguel.
La noche envolvía el cielo de París. Las calles, los monumentos...adornados con imponentes luces, convertían a la capital gala en un lugar mágico e increíble.

Canción XXIII:Don McClean: Vincent

lunes, 18 de julio de 2011

Perdue à Paris. Capítulo 1.


¿Recuerdan en la anterior entrada, cuando decía que necesitaba encontrarme, tiempo para reflexionar, que me hallaba en la ruina anímica y desmoralizado, que necesitaba pensar un poco más en mí?. Bueno, pues hoy me enorgullezco de poder decir que lo he logrado, que he recuperado el ánimo, la sonrisa, la fuerza de la que carecía. ¿Quién obró dicho milagro? La ciudad de París. Una ciudad sólo conocida por su torre Eiffel y su romanticismo. Pero París tiene más. Tiene ese algo que me ha reconstruido, junto con la compañía de todos aquellos con los que he vivido y disfrutado estos quince días.También han sido ellos los que me han levantado. Pero prefiero mantener su anonimato, así que en diez capítulos les contaré, bajo un seudónimo, lo que mi mente imaginó y vivió esos días en solitario.

Sena Conval llegó al mediodía a París. Hacía tiempo que su vida no iba tal y como él esperaba. Se hallaba perdido, se sentía solo, no sabía qué hacer, y la pregunta de qué hacía mal y su música para apaciguar su ansiedad. Llegaba esperando encontrarse lo que todo el mundo contaba:París, la ciudad del amor, del Sena, de la Gioconda y de la torre Eiffel. Pero Sena esperaba encontrar algo más en aquella ciudad. Después de llegar a la ciudad desde el aeropuerto, se acercó, por simple curiosidad, a la torre Eiffel. Allí se agolpaban decenas de turistas de distintas nacionalidades, aunque huelga decir que la mayoría nipones.
Podía parecer un cliché de la ciudad, pero lo cierto es que era increíble, admirable. Cientos de barras de metal colocadas como si fueran Mecano formaban una gigantesca pero fantástica torre. Subió, quería admirar la ciudad. Subió a lo alto. Admiró la capital de Francia desde arriba. Formidable. Indescriptible. Un delicado viento soplaba arriba. Cerró los ojos. Sintió que se hallaba en otro lugar. Los abrió lentamente. Pudo distinguir el Arco del Triunfo. Siguió oteando. Los Inválidos, el Trocadéro...París entera en una mirada...Increíble.
Cuando bajó, se fue al Trocadéro. Se tumbó en la hierba, al fresco de los árboles. Numerosos sonidos, olores a crêpes, flores y helados se mezclaron. Permaneció allí un rato quieto, disfrutando del momento, reponiendo fuerzas...Para luego caminar junto al Sena, el río de su nombre. Numerosos estudiantes y parisinos se agolpaban en sus riberas, tocando un instrumento, cantando, comiendo...Se sintió como uno de ellos. Se sintió una parte más de la ciudad.

Canción XXII: Arcade Fire: The suburbs

lunes, 20 de junio de 2011

Libertad condicional


Ahora que, por fin he acabado el curso, y quitados los grilletes de los exámenes y el estudio, ya es hora de que me reúna conmigo mismo. Tengo muchas cosas pendientes, mucho que hacer. Me he descuidado mucho conmigo mismo. Y no, no he engordado ni voy a hacer la famosa dieta pre-verano. Este año, me he preocupado más por la gente y por cosas que no iban a ninguna parte que por mí. Y así estoy ahora, con la moral baja, los ánimos menguados, los nervios deshechos, mis ilusiones y expectativas en horas bajas y mis ganas de seguir en la ruina.
Necesito encontrarme conmigo mismo, preguntarme qué diablos hago mal, qué diablos falla, qué diablos me tiene de rodillas, qué diablos me tiene encerrado en un estado de estupidez y melancolía permanente.
Averiguar quién soy. Quién es ese chico alto, de pelo rizado y castaño y ojos marrones. Quién es José Ignacio. En resumen, qué hice, hago, y haré. Con el sol, el viento, el campo y el agua pensaré. Con tu compañía espero, o si no, sin ti.
Las dudas, la incertidumbre, qué malas compañeras. Porque necesito saber una respuesta.

Canción  XXI: The Jimmy Hendrix Experience: The wind cries Mary